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Las tormentas también pasan

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Por Wally T. Vega

El viejo barco Red Rock construido en 1894 zarpó del puerto australiano de Townsville a Noumea el 15 Febrero de 1899 y nada hacía suponer que sería un viaje distinto a los que este barco de 1.719 toneladas efectuaba regularmente. Cuando se perdió en el horizonte, rumbo a la isla volcánica de Nueva Caledonia, en el sudoeste del Océano Pacífico, pasó prácticamente desapercibido.

¿No era acaso una travesía de rutina para transportar mineral de níquel? 

Sin embargo, el 7 de junio de aquel mismo año, el Red Rock se convirtió un tema obligado de conversación de todos los marinos del puerto. Un representante de la firma de seguros Lloyds de Londres, con cara solemne y tono lúgubre, hizo un triste anunció: “El Red Rock tiene un atraso de más de 100 días y por lo tanto, de acuerdo a la legislación internacional del mar, se ha declarado perdido. Su tripulación de 24 hombres se considera legalmente perdida también”.

La sombra de la tragedia y el ministerio cubrían todo lo relacionado con el inusitado caso. La compañía de seguros se dispuso a realizar los pagos correspondientes. “La decisión de declarar un barco oficial perdido se hace solamente cuando toda esperanza está más allá de la razón”, dice Vernon Howard al asentar el incidente por escrito. Y añade: “No había razón alguna para esperar que el Red Rock no estuviese irremisiblemente perdido”.

Sin embargo el 12 de junio de1899, solamente cinco días después de haber sido declarado como perdido en los libros, el Rey Rock entró al puerto de Nueva Caledonia. Fue ésta la primera y única vez, en toda la historia de la mundialmente famosa Lloyds que un barco declarado oficialmente perdido, ha vuelto a aparecer.

¿Qué ocurrió en el misterioso viaje? Los curiosos que acudieron en gran número al muelle, lo escucharon directamente de labios del capitán del ahora famoso barco. Las fuertes corrientes se combinaron con vientos que los desviaron en su ruta. Fueron azotados con gran violencia por las tormentas propias de la estación y esto les hizo perder semanas enteras.

Al ser arrastrado, el barco se encontró en una zona difícil, llena de traicioneros arrecifes en el Mar del Coral. Pocos barcos habían logrado sortear esa especie de diabólico laberinto en condiciones normales, y ellos se encontraron ante el formidable reto de hacerlo ¡en medio de aguas agitadas por la tormenta!

“¿Qué deberíamos hacer?”, se preguntó el capitán. “Podíamos, desde luego abandonar el barco y asirnos a la mediocre seguridad de las islas Coralinas deshabitadas, sin embargo, ¡Escogimos luchar!”

Al leer esta historia me viene a la memoria, la larga y difícil situación que millones de personas vivimos hoy en España y Europa. Permitirme repetir la última frase de esos aguerridos hombres:

“¡ESCOGIMOS LUCHAR!”

Decidieron poner en juego todas sus competencias y habilidades personales como marinos, toda su audacia, coraje, valentía, visión y todo su corazón. ¿El resultado? ¡Lograron lo imposible! No solamente sortearon el difícil y largo camino. No solamente los obstáculos del mar en medio de la tormenta. ¡Llevaron el barco hasta las aguas tranquilas del puerto!

Cuando pienso en esta acción, pienso en tantas y tantas personas que al enfrentar difíciles tormentas y luego más tormentas… abandonan la lucha, se rinden y pierden de vista su objetivo. Ocurre en relaciones personales, profesionales, matrimonios, en el trabajo, en toda actividad humana.

“Las personas no suelen fallar por falta de oportunidades lo hacen por falta de perseverancia, nos asustan los primeros obstáculos, inconvenientes, perdemos de vista nuestro puerto y aquello en lo que debiéramos tener éxito”, dijo Richard M. Nixon que a pesar de haber sido derrotado por John F. Kennedy en las elecciones presidenciales, continuó firme en sus convicciones y después de muchos años llegó a ser Presidente de los Estados Unidos.

¿Cuál es el moraleja de la historia del Red Rock? sencillamente ¡seguir luchando, no abandonar el  barco! En momentos difíciles y otras situaciones de desesperación que aun son más difíciles… debemos potenciar en nosotros ese espíritu de lucha que todos tenemos y enfrentar valientemente a los muchos obstáculos que se nos presentan. Que sea la realidad la que nos derrote en última instancia, y no anticipadamente nuestro miedo al fracaso.

Hoy en día Europa entera vive convulsionada y pasando situaciones extremadamente difíciles, una detrás de otra, la ultima Chipre. Problemas y cambios que no alcanzamos a comprender nos azotan como tormentas enloquecidas. Situaciones desconcertantes se nos presentan como un laberinto intrincado y difícil de sortear. ¿Qué debemos hacer?

Tal vez la mejor respuesta está en los labios del capitán del Red Rock: ¡Escojamos luchar!

La botella media llena: Sentir perder fuerzas, tirar la toalla, creer que no podemos más y que lo único que nos queda es “abandonar el barco”. Funcionamos con cuatro cilindros cuando somos un motor de OCHO.

La botella totalmente llena: Fortalecer nuestro espíritu mirar más allá del horizonte, ser valientes para soñar y esforzarnos en hacer frente a esta larga y difícil crisis con la seguridad de que habrá un puerto con aguas tranquilas en nuestro futuro. ¡Jamás debemos rendirnos!

 

“El optimismo es la fe que te abre el camino de tus logros”

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