Libros publicados

Nuestros clientes dicen …

Motivación, ganas de cambio, objetivos claros, intuición y fuerza para seguir mejorando ha sido la…

Ganas de cambio

Amigos de Strauss Milligan: Agradecemos la oportunidad que nos han brindado para conocernos mejor, t…

Conocernos mejor

testimonioNecesitábamos potenciar habilidades y competencias de nuestra fuerza de ventas. Lo logramos y nos m…

Potenciar habilidades

SM&Co. Nos hace ver nuevos caminos y perspectivas de relación, gestión con uno mismo, colaboradore…

Ver nuevos caminos

Romper un ciclo en el que estas inmerso es muy difícil. SM&Co. Tiene la capacidad de hacernos ver lo…

Lo imposible es una real posibilidad

A través de los años en aspectos de comunicación con el personal y nuestra red de clientes SM&Co. co…

Un papel importante

En el año 2004 tuve la oportunidad de conocer participar en un seminario de ventas de SM&Co. Ha pas…

Las mejores herramientas de trabajo

Añadir valor a las relaciones y sentimientos en nuestra comunicación con clientes y compañeros de…

Añadir valor a las relaciones y sentimientos

SM&Co. Ha sido y sigue siendo parte de nuestro éxito, quiero compartir esta satisfacción y agradec…

Parte de nuestro éxito

Recuerdo con mucho cariño mi primer curso de Ventas en Mapfre Barcelona, allá por el año 1990, e…

Un verdadero maestro

Asociados en Latinoamérica

Buscamos asociados en Latinoamérica.

El artículo del mes

El perro del hortelano

ha sido visto1155 veces

Entre los pequeños cuentos que recuerdo de mi niñez, hay uno que destaca claramente. Todavía
puedo cerrar los ojos y ver claramente aquel libro de lectura. En una de sus páginas aparecía una
ilustración que mostraba a un perro callejero con una pata de pollo en el hocico, mirando sorprendido el reflejo de su propia imagen en la orilla de un lago.

La historia era fascinante. El perro había conseguido un suculento bocado, pero tuvo la desgracia de pasar junto al lago y ver el reflejo de “otro perro”. El perro creyó que el “otro perro” tenía una mejor presa que la que él llevaba en su hocico, así que trató de quitársela. El resultado: su bocado cayó al agua y el perro se quedó sin nada.

No recuerdo la frase exacta de la moraleja con que acababa el cuento. Pudo quizá ser que la ambición nos pierde. O tal vez que es mejor disfrutar de lo que ya tenemos, antes de lanzarnos a envidiar lo que tienen los demás…

Creo, sin embargo, que estos significativos relatos le llevan a que uno medite sobre ellos, porque tienen el encanto de sintonizar con la vida misma. Sus personajes los reconocemos en la gente que nos rodea y, en muchos de los casos, en nosotros mismos.

El perro del hortelano quería lo que el otro tenía y no supo ver que lo que ya poseía era igual en cantidad y calidad que lo que estaba deseando tener. ¡Muchos de nosotros, los humanos, también somos así! Por alguna extraña razón tendemos a subestimar lo nuestro. Ponemos poca fe en lo que somos capaces de hacer, en tanto que agigantamos las posibilidades de los otros.

En México hay un término especial para definir esa situación: “Malinchismo”. Y su origen se remonta a los tiempos de la conquista española, cuando una princesa india llamada Malintzin prefirió al extranjero Hernán Cortés como marido. El nombre de la princesa pasó a la historia como símbolo de: prefiero lo foráneo.

Pero no hablemos de extranjero o nacional. En el plano estrictamente personal, ¿no ocurre que a
veces tendemos a sobrestimar las posibilidades de los demás, en relación a la nuestra? Por alguna
razón pensamos que otros tienen mejores oportunidades. Creemos que nuestras posibilidades son diferentes o que los demás tienen más suerte. En esta época de fiestas y lotería se escuchan comentarios como “A mí nunca me toca nada… yo se que no me va a tocar” “A fulano siempre le toca.”

¿De dónde nos proviene esa forma de pensar? Desgraciadamente en muchos casos somos como el
perro del hortelano, nos concentramos tanto en lo que aparentemente tienen los demás, que acabamos subestimando y a veces despreciando lo que nosotros YA tenemos.

Haga una prueba. Suponga que un conocido suyo, bastante cercano, saca la lotería y se compra una preciosa casa y su vida cambia para bien. ¿Nos alegramos sinceramente y honestamente o por el contrario sentimos esa llamada “envidia sana” de que no hayamos sido nosotros los que hayamos ganado la lotería? ¿Nos ha ocurrido alguna vez?

Si usted es de los que se alegran, le diré que está entre el 8% de la humanidad. En un estudio de la
Universidad de Notre Dame, realizado por el Dr. James Mc Callen a este grupo del 8% se los califica como “Esencialmente buenos, con tendencias naturales a ser felices”. El otro 92%, de acuerdo a este original estudio, lo califica como que “debe cuidar sus pensamientos para no caer en acciones no constructivas”. En otras palabras a este otro grupo les puede ocurrir lo mismo que al perro del hortelano.

Después de haberse comprado un coche nuevo usted puede haber sido objeto de algún que otro acto de vandalismo sin sentido lógico, como que le rayen las puertas, o cualquier otra salvajada parecida. O que cuando una persona cambie de trabajo estando relativamente bien en el mismo, y va a otro, creyendo que al que va, será mejor que el que ya tiene, y una vez ahí, se da cuanta que se a equivocado. Estas cosas pasan.

La humanidad es así y probablemente lo será por muchos años más. Ser mezquino y envidioso es,
desgraciadamente, una característica del 92% de los humanos, de acuerdo con el estudio del Dr. Mc Callen.

También William James, reconocido como el padre de la Psicología moderna en los Estados Unidos, nos dijo que la envidia es ignorancia. Que más que estar pendiente de lo que los demás tienen o no tienen, y envidiarlo, deberíamos descubrir nuestro verdadero potencial y ser conscientes de él. Solo entonces descubriremos que tenemos fuerzas y habilidades en reserva, que esperan ser desarrolladas.

Vale la pena pertenecer a ese 8% de que habla el Dr. McCallen ¡Los expertos nos dicen que hay paz
mental y posibilidades de éxito allí!

Llevemos luz a los cuartos oscuros de nuestras vidas. “Hola oscuridad mi viejo amigo” cantan Simón y Garfunkle, también la canción dice: “La oscuridad como el cáncer crece”. No permita que esto le ocurra. Usted elige, permita que el sol de su vida le alumbre cada día.

Sea valiente para soñar, establezca propósitos y objetivos que ennoblezcan su espíritu. Llene sus
esperanzas con optimismo y viva. Sueñe su futuro HOY. Escriba todo aquello que le hace sonreír con solo pensar en lograrlo, todo aquello que por falta de tiempo o dinero, o por ambas cosas a la vez no ha podido hacer, conseguir, o poseer, ¡Sueñe!

La botella media llena: Desperdiciar nuestras energías envidiando lo que tienen los demás, que acabemos mentalmente perdiendo lo que YA tenemos nosotros… como el perro del hortelano.

La botella totalmente llena: Canalizar nuestras energías reconociendo lo que ya es nuestro. Sobre todo nuestro gran potencial y utilizarlo. Agradecer lo que tenemos y aprender a disfrutar, aprovechándolo. Nuestros recursos personales ya nos han ayudado en él pasado a salir de situaciones difíciles, no olvidemos que somos más fuertes hoy por haber resuelto aquellas situaciones. ¡Recuérdelo!

“No son los defectos lo que anulan nuestra eficacia personal, sino el desconocimiento de nuestras propias cualidades”

Si te ha gustado el artículo deja un comentario o subscribete al RSS feed para estar informado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>